Hay lugares en Madrid en los que la gastronomía y el escenario mantienen una conversación constante. Dani Brasserie, situado en la séptima planta de Four Seasons Hotel Madrid, es uno de ellos. Sobre los tejados de la capital, la propuesta de Dani García combina producto, técnica y una marcada identidad mediterránea en un espacio que permite acercarse a su cocina desde distintos momentos del día.
La primera impresión la pone el entorno, pero es la cocina la que termina definiendo la visita. La propuesta se mueve con naturalidad entre elaboraciones de inspiración mediterránea, producto de temporada y ese particular lenguaje culinario de Dani García, reconocible por su capacidad para llevar recetas y sabores populares a un terreno más gastronómico.
El recorrido puede comenzar por la parte más fresca de la carta, donde el producto marino tiene un peso especial. El carpaccio de cigalas es una de esas elaboraciones en las que la materia prima habla por sí sola, mientras que el tartar de ventresca con ajoblanco establece un interesante diálogo entre el recetario andaluz y el producto del mar. El ajoblanco, con su textura y su carácter, aporta aquí un contrapunto especialmente interesante a la intensidad grasa de la ventresca.
También encontramos una mirada vegetal en propuestas como el carpaccio de tomates con stracciatella y pesto de pistacho o las alcachofas a la plancha con yema de huevo de corral. Platos en los que la sencillez aparente deja espacio para trabajar texturas, temperaturas y contrastes.

El Mediterráneo pasa por el fuego
La brasa es otro de los ejes sobre los que se construye la cocina de Dani Brasserie. El fuego aparece tanto en pescados como en carnes y funciona como elemento conductor de una parte importante de la carta.
Entre los pescados encontramos opciones como la lubina a la parrilla, el pulpo de roca o la ventresca de atún rojo, mientras que en la parte cárnica el Josper aporta profundidad a elaboraciones como la presa de cerdo ibérica, el pollo de corral o el solomillo de vaca retinta.
Hay también espacio para una cocina más reconocible y viajera, con platos como los agnolotti del plin, el arroz meloso de hierbas con burrata o los linguini con carabinero a la brasa. Es precisamente en este juego entre tradición, producto y técnica donde la propuesta encuentra uno de sus puntos fuertes: no busca encorsetarse en una única interpretación de la cocina mediterránea, sino explorar sus diferentes registros.
Y junto a ellos permanecen algunos de los platos que forman parte del imaginario de Dani García. El Tomate Nitro, por ejemplo, continúa siendo uno de esos bocados que permiten entender la vertiente más creativa del chef.

De la mesa al aperitivo
Dani Brasserie también plantea una forma más relajada de disfrutar de la cocina. Su selección de snacks permite acercarse a la propuesta sin necesidad de plantear una comida completa y resulta especialmente adecuada para compartir, alargar el aperitivo o disfrutar de la terraza a otro ritmo.
Aquí conviven algunos de los grandes clásicos de la casa, como la Hamburguesa Rossini, elaborada con lomo Simmental madurado, foie gras y parmesano, o el Dani’s Club Sándwich, con pollo de corral, salmón noruego, caviar Baeri y salsa holandesa.
La carta continúa con bocados como las gildas de ijada de atún, los mejillones emulsionados con mostaza de Dijon y patatas fritas o las bravas de Dani. En un registro más ligero aparecen las ostras al natural, la anchoa 00 del Cantábrico sobre brioche templado y mantequilla ahumada, el salmón marinado con aguacate braseado y leche de tigre o la ensaladilla de anguila ahumada.
Una selección que amplía las posibilidades de la dirección y que encaja especialmente bien con el carácter abierto y luminoso de la terraza.
Una propuesta pensada también para el mediodía
A partir de septiembre, Dani Brasserie amplía su propuesta con Los Mediodías de Dani, un menú de 49 euros disponible de lunes a viernes, de 13:00 a 16:00 horas. Una fórmula pensada para acercar la cocina de Dani García al público madrileño también entre semana y al mediodía, manteniendo la personalidad gastronómica de la casa.
La propuesta permitirá escoger entre diferentes entrantes y principales, con opciones que recorren buena parte de su cocina: desde el ajoblanco malagueño, las gildas de ijada de atún, el carpaccio de tomates con stracciatella y pesto de pistacho o las croquetas de jamón ibérico, hasta platos como el pollo de corral a las brasas, los agnolotti del plin, el arroz meloso de hierbas o la lubina a la parrilla.
La Hamburguesa Rossini también podrá incorporarse al recorrido con suplemento, mientras que el menú se completará con postre y agua incluida.

Madrid como parte de la experiencia
Pero hay algo que diferencia especialmente a Dani Brasserie: aquí el espacio no funciona simplemente como acompañamiento de la cocina. La ubicación hace que la ciudad forme parte de la propia propuesta.
Desde la séptima planta, Madrid se convierte en telón de fondo de una comida, un aperitivo o una sobremesa. Y esa posibilidad de adaptar la visita a diferentes momentos es precisamente uno de los atractivos del restaurante: sentarse a comer, compartir algunos platos, acercarse a la barra para un bocado más informal o prolongar la tarde con una propuesta líquida pensada para la terraza.
La coctelería acompaña también este recorrido con una selección de combinaciones frescas y de perfil aromático, concebidas para funcionar tanto durante el aperitivo como en la sobremesa.
Dani Brasserie propone, en definitiva, una lectura muy personal de la gastronomía mediterránea: producto reconocible, técnica, brasa y guiños al recetario popular se encuentran en una carta que permite transitar entre diferentes estilos y momentos. Todo ello con Madrid a los pies y con una cocina que, más allá de etiquetas estacionales, mantiene intacta la personalidad de Dani García.
