Callos, la casquería más castiza

Callos a la madrileña del restaurante La Pilla de Almagro
Con permiso del cocido, es probable que no exista plato más castizo que los callos a la madrileña. Un guiso tradicional perfecto para los meses más fríos del año, de sabor intenso y reconfortante, que ha recuperado su protagonismo gracias a la creciente popularidad de los platos de cuchara y las elaboraciones a base de productos de casquería. En el restaurante La Pilla de Almagro ofrecen unos callos a la madrileña, preparados al modo tradicional, que se encuentra entre los mejores de la capital.
Sala del restaurante La Pilla de Almagro
No es ningún secreto que los restaurantes más modernos y vanguardistas de todo el mundo lleven ya un tiempo incluyendo en su carta productos tan poco habituales como los riñones, el hígado, las mollejas, las criadillas, el corazón o los callos. 
Bien es verdad que en muchas ocasiones esta materia prima tan particular se trata de forma diferente y se presenta de manera moderna y colorista, pero no siempre es así. En ocasiones hay recetas tan redondas, tan perfectas, que es prácticamente imposible mejorarlas. Este es el caso de los callos a la madrileña.

UN PLATO A FUEGO LENTO CON MUCHA HISTORIA
De origen humilde, sus primeras referencias se remontan al siglo XV, aunque no será hasta el XIX cuando se popularice verdaderamente en todas capas sociales como manera de distinguir a los madrileños de los afrancesados, convirtiéndose así en el plato castizo que es en la actualidad.

Elaborado con las tripas de la ternera, a las que se suman el morro y las patas, además de chorizo, morcilla y jamón, los callos tienen una textura muy característica. Son gelatinosos, pegajosos, densos y suaves, y se deben comer muy, muy calientes. Para conseguir el punto justo de los callos es necesario que el guiso permanezca al fuego algunas horas.

Como nos dice Andy Bryson, chef del restaurante La Pilla de Almagro, donde elaboran el plato con callos de primera calidad procedentes de la Finca Jiménez Barberó “es imprescindible comerlos acompañados de un buen pan del día, porque mojar en su salsa en uno de los principales atractivos de los callos. Un buen vino tinto es el maridaje perfecto para este plato. Incluso hay gente que no se come los callos, pero se puede comer media barra de pan acompañando el caldo del guiso”.

Sala de arriba del restaurante La Pilla Almagro

Además de con la casquería y los embutidos, la receta tradicional se prepara con otros ingredientes como el clavo de olor, el laurel, la cebolla o el pimentón que son los que le confieren ese intenso sabor al caldo y su peculiar color rojo anaranjado. 

Hay que reconocer que no es un plato para todos los paladares y son tantos sus admiradores como sus detractores, pero para poder alistarse en una de las opciones, es imprescindible darles una oportunidad y una muy buena opción es la que ofrecen en La Pilla de Almagro, un restaurante de cocina mediterránea con un toque internacional en el castizo barrio de Chamberí.

PARA MÁS INFORMACIÓN:

La Pilla de Almagro
www.lapilla.es

PARA MÁS INFORMACIÓN DE PRENSA:

Ginger & Soda
www.gingerandsoda.com
Sonia Valero – sraginger@gingerandsoda.com

revistacatalunyagastronomica@gmail.com

Catalunya Gastronómica es una revista centrada en el mundo de la restauración y de la gastronomía en general. Nos enfocamos también en las bebidas y en los viajes.

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